El Patuxai inspirado en el Arco del Triunfo, ofrece vistas panorámicas de Vientián y del río Mekong en Laos

La fama de dos de las principales atracciones parisinas no tiene fronteras. Mientras que Praga hace honor a la mítica Torre Eiffel, Vientián rinde culto al Arco del Triunfo.

Están allí, enclavados en cada mapa de París, en la postal que cruzará miles de kilómetros, en el souvenir cliché como en el vintage y en el imaginario de cada uno. Desde su inauguración, el Arco del Triunfo y la Torre Eiffel son dos de los máximos puntos de referencia de la capital francesa. El constante interés que generaron ambos monumentos no tiene fronteras, pero sí gentilicios: mientras que a la Torre Eiffel parisina se le suma la checa, al Arco del Triunfo de l’Étoile se lo hermana con su versión asiática en Vientián.
Quién sabe que tenía en mente el Ingeniero Gustave Eiffel al construir el monumento más distintivo de París a las orillas del río Sena. A pesar de ser muy criticado su diseño, referido como “el monstruo o esqueleto de hierro”, la torre se convirtió automáticamente en el mayor símbolo de Francia al compás de labaguette para luego ser imitado dentro y fuera de las fronteras nacionales. Desde la torre de radiodifusión de la local Lyon a la real estructura que enmarca la little Paris de Las Vegas, sin pasar por alto la torre panorámica del monte Petřín en Praga. Diversos fines y contextos, aunque todas réplicas e inspiraciones en miniatura de la colosal parisina, reina de los cielos por más de cuarenta años, fue superada luego por el Edificio Chrysler en Nueva York.

La Torre en Praga

Tras sorprenderse de la obra que coronaba la Exposición Universal de 1889 en París, los fundadores del Club Checo de Turismo no tuvieron mejor idea que hacer una suerte de réplica de la Torre Eiffel dos años después para la Exposición Nacional de Praga. Desde lo alto del Monte de Petřín, la octogonal torre de 60 metros supo ser el mirador más elevado de Praga, como así, antena de transmisión. El encanto de la Torre de Petřín y alrededores siguió vigente al igual que su época dorada en el siglo XIX. Senderos entre jardines, rosales y viñedos guían a locales y turistas hacia una Praga en alturas, atravesada por el río Moldava y sus puentes, entre ellos, el célebre Carlos. Quienes quieran evitar la pendiente de 138 metros, pueden valerse del histórico funicular.


El Arco de Vientián

El acontecer del Arco del Triunfo también lo llevó a ser un referente de la capital francesa, aunque el simbolismo del arco como monumento sea otro, remontándose a los históricos arcos romanos. Inspirado en el Arco de Tito, el monumento hace honor a la victoria francesa en la batalla de Austerlitz en 1805, por la cual Napoleón Bonaparte había prometido a su ejército: “Volveréis a casa bajo arcos triunfales”. Con 50 metros de altura, 45 de anchura, y 22 de profundidad, desfiles militares y manifestaciones civiles hacen su entrada de gloria a través del arco más grande del mundo para seguir rumbo hacia la famosa (y chic) avenida de los Campos Elíseos. Aquí la planificación es perfecta, al punto que la Plaza de la Estrella (l’Étoile) se enmarca en una línea imaginaria, llamada “eje histórico de París” o “vía triunfal”, que va desde el moderno arco de la Défense hasta el patio del Museo del Louvre, donde se halla la tan fotografiada pirámide.
Una historia similar se puede extrapolar a una cultura y tiempos diferentes, como lo es en Vientián con su Patuxai, que en sánscrito equivale a “Puerta Victoria”. En memoria a los fallecidos durante la guerra por la independencia de Laos como colonia de Francia, se erigió en 1968 un arco similar al parisino, pero con clara influencia: aspecto ondulante, terminaciones con agujas doradas sobre los techos en cúpula, frisos, pinturas de dioses y símbolos budistas, entre otros rasgos arquitectónicos del Sudeste Asiático. A la ironía de tomar como modelo al Arco del Triunfo, se suma que el Patuxai fue construido con fondos de los Estados Unidos destinados originalmente para construir el nuevo aeropuerto, por lo que el arco lleva el apodo de “escape vertical”. Si bien en la capital de Laos el lujo de los Campos Elíseos no abunda, la estructura irrumpe con encanto como una suerte de oasis junto a la plaza y su fuente en el medio de una larga y ancha avenida. A su vez, el Patuxai ofrece la mejor y única vista panorámica de Vientián, con el legendario río Mekong sobre el horizonte.

Sin límites

Si la Torre Eiffel y el Arco de Triunfo no tienen fronteras, tampoco tienen límites. Desde su inauguración, la máxima obra del ingeniero Eiffel atrajo a más de 250 millones de personas, por lo que se convirtió en el monumento pago más visto del mundo. Tal cifra se vio potenciada en el 2014 con la incorporación de secciones de piso vidriado, generando un efecto mayor no apto para quienes sufren de altura. Por otra parte, el concurrido Arco del Triunfo puede darse el gusto dos veces al año en apreciar la puesta del sol bajo su arcada, justo allí donde se halla la Tumba del Soldado Desconocido de la Primera Guerra Mundial.

 

Por Tomás A. González Ginestet. Nota publicada en mayo de 2016.

 

FUENTE: lugaresdeviaje.com

 

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